martes, 9 de septiembre de 2008

CUANTAS FORMAS PODEMOS SER?




¿De cuantas formas podemos ser en la vida?. Nuestro pequeño cuerpo cuando nace es frágil, sensible, totalmente indefenso. Cualquier golpe puede arruinar ese proceso que comenzó a gestarse durante meses.

Solo podemos concebir que seguimos viviendo porque tuvimos algo de amor. Alguien nos amo lo suficiente como para cobijarnos, para cubrirnos, o al menos al pasar tocarnos. Eso nos salvo, nos puso en la rueda de la vida, nos dio la luz necesaria para que crezcamos.
Qué cómo lo hicimos. Si fuimos mas o menos amados, mas o menos golpeados. Mas o menos protegidos seria como intentar descubrir un mapa dentro de millones de mapas, millones de historias, millones de misterios.

La realidad es que un día descubrimos que estamos vivos y no muertos, o en agonía, y comenzamos a ver otras realidades, a preguntarnos cómo llegamos y sobrevivimos, y con ello decidimos ya no solamente llegar ni sobrevivir, sino comenzar y vivir.
Descubrimos que pasamos parte de nuestro crecimiento elaborando estrategias para disfrazar nuestros miedos y carencias. Dejamos que nos digan quienes somos o como debemos ser. Nuestra conducta se trasformo en parodia, pero no lo hicimos a propósito, sino que el viento de los condicionamientos de las personas que nos aman, y de las que no, nos modificaron y simplemente les dejamos el poder de definir como vivimos.

A veces pienso que quienes se suicidan sienten que nadie los ve. Que son invisibles, que no importan. Que son parte de los números y que uno menos no hace la diferencia.
Lo cierto es que nos olvidamos de creer que somos importantes, y únicos. Que si cedemos no es porque seamos cobardes sino porque naturalmente confiamos y vemos al mundo u a los hombres como es nuestro corazón: incapaz de truncar lo puro, lo autentico.

¿Mirada inocente? Si, tal vez. Cuantas veces me han dicho que debería abandonar esta creencia, pero hay algo que no me deja olvidar. ¿Testarudez?¿fe ciega? ¿comodidad? Es una lago al que uno le puede intentar poner muchos “vestidos” pero ninguno le queda. Se niega a tener un nombre. Pero, yo lo llamo esperanza.
Desde ese primer instante en que por primera vez respiramos lo que oxigena nuestros pulmones es esperanza. Sino fuera así como habríamos de intentar siquiera dar el grito insipiente para decir que estamos aquí, en el mundo, en la historia, en la naturaleza.

Es la esperanza lo que nos tiene ahí. Esperando que alguien nos ame. Esperando que la vida nos tome de la mano o nos empuje a convertir nuestros cuerpos de niños en hombres y mujeres.
Cuando camino por las calles y veo gente tirada en las veredas. Me pregunto porque no soy una de ellas. Que hizo que yo tuviera el don de una vida que fuera mas promesa, y hasta que punto eso es realmente verdad. Tanto como el que esta tirado en las calles como yo, como cualquiera, hace que la vida, el mundo tenga un sentido.

Es como cuando compramos un rompecabezas. Las parte que hacen los bordes casi nunca son interesantes pero sin ellas todo los demás no tiene sentido, no se puede contener. No esta completo. Por ello valoramos cada pieza, no descartamos ninguna. Toda y cada una es una promesa de la siguiente. Todo hombre es promesa del que le sigue.

Me hiere ver como olvidamos esto tan fácilmente. Me hiere en serio. Me hiere porque a veces yo también lo olvido.

Una bebe recién nacida tirada en una bolsa de plastico en un río. Una anciana abandonada por sus hijos. Cada día pienso que nada va a sorprenderme, pero lo hace. ¿Qué es lo que nos lleva a dejarlo todo? ¿incluso dejar que otro ser humano se muera? Padres que dejan que sus hijos se mueran. Hijos que dejan que sus padres se mueran.

No me permito pensar ni escribir que esto es definitivo. Que con toda la riqueza que el hombre posee en su interior es ahogada por el odio, la venganza, la estupidez. No concibo dar por resuelto que nada nos salva y que no podemos salvarnos y salvar a otros del espanto y la tragedia.

He conocido héroes.
No están en la guerra, en medio de bombas y estruendos. Están a mi lado. Están a nuestro lado. Son la esencia de esa esperanza que se niega a tener una frontera, una sola misión, una sola aventura. Son de los que lloran con el alma y ríen con el corazón. Los que caminan por la calle y no dan vuelta la cara ante la miseria, mas bien reconocen que son parte de ese cuerpo golpeado, de esa niña tirada al agua, de esa anciana desnutrida, de quien cree que la única solución es escapar de la vida. Y no huyen. Miran hacia dentro y reconocen que el otro, ese que esta allí, es la manifestación nítida de tantas llagas internas, y que la única forma de hacerla estragos y derrotar esta forma bestial de egoísmo y desamor es sanar lo que tenemos de heridas en el propio espíritu. Luchar, entonces, también, por alcanzar al otro, donde quiera que este, con el lazo de esa desesperación trasformada por la alquimia del deseo en amor. Un amor cercano.

Un amor que salva tu vida y la vida de quien amas. Un amor sencillo y oblativo. Un amor que se acerca mas a su naturaleza cuanto mas se entrega, cuanto mas se arranca de raíz y se sabe plantar en cualquier terreno, en cualquier mar. La capacidad autotrasformante del amor es incomparable. Intentaran en vano todos los hombre y todas las ciencias , en toda las épocas, con toda la tecnología, encontrar la formula que lo compone o el ADN del amor. No lo harán nunca. Nunca.

La decisión del amor por vivir es infinitamente superior a cualquier horror que sea capaz de concebirse y practicarse. Simplemente es superior. Y lo sabe.

El problema es que parte de la humanidad que esta ciega, sorda y muda, pretende ignorar que ya esta derrotada por él, e intenta en vano subsistir.

Somos la confluencia de esperanza, de ese amor que nos impulsa a no quedarnos estancados por el camino. Lo que nos permite desnudar las posibilidades de ser como la roca donde Miguel Ángel descubrió que había un David. De ser como el oro que se funde en el fuego y puede convertirse en una corona o en una espada. De ser como el viento, que un día es remanso y otro huracán. De ser refugio y desolación.

Debemos concretar la idea de que misteriosamente somos el universo que confluye y fluye, y tenemos la magnánima oportunidad de elegir ser amos o esclavos. Elegir si somos héroes o simples oportunistas de la vida. Gobernados por lo finito y perecedero o por lo eterno y maravilloso del amor, del ser humano, de ser vida, de no morir sin honrar aquel primer instante en que el cielo nos dio su techo y sus bendiciones.

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