
¿Hay algo peor que un laberinto? Si, un laberinto construido de filosas navajas por paredes y cristales rotos por camino. E ir descalzo. E ir desnudo.
No bastan tales acechos, la ceguera es también amiga, hermana detestada pero se me ha pegado tanto a los ojos que es de la familia. Su oscuridad es de todos los colores ,porque antes podía verlos y mi mente los archivo, pero de tantos pasarlos por los recuerdos se me van gastando como viejas películas, y la ceguera me descubre sus sombras y sus vientos, sus espasmos e infiernos.
Ella es la principal cómplice de las paredes afiladas, es ella quien le da de mi cuerpo la carne que desangra, y de la cual toman los cristales rojo acento. Ceguera, que se me apareció como un fantasma, vestida de todos los temores y miedos, arraso con mis luces y cubrió mis párpados con piedras de lagrimas y llantos no paridos, y nunca mas pude hablar el lenguaje de la luz y el cosmos.
Tengo hambre. Hambruna, He comido todo rastro vital, y para poder hacerlo debí renunciar a los sabores. Al menos es lo que hago creer a mi ego, para que no muera tan pronto despojado de al menos algo de sustento. Se me pega la piel contra el estomago, y en él solo llevo las tripas de las furias y los lamentos. Solo me alimento de las raíces de las ausencias, que crecen por todas partes y en todas partes se siembran con el viento frío de las soledades.
Mis pies son llagas. Una sobre otra. Ya es una sola. Mi hermana llaga, por las noches le hablo, con la locura de percibir como late, que esta viva. Al menos ella escucha, es la única entre tantas sombras. Después, el silencio, tampoco ella tiene palabras ni respuestas. También a ella el laberinto le ha suprimido el grito.
Después de un tiempo todos dejamos de gritar aquí dentro. Nuestro mundo se vuelve mudo. Hay tanto porque gritar que no sabemos por donde empezar. Entonces esperamos, a ver que alarido sale primero. Lo esperamos, como se espera un nacimiento, porque después de él vendrán otros, otros y otros. Todos distintos, todos inmensos, porque han crecido, aun entre los barrotes de los miedos, y estos muros de desconsuelo.
Miro mis manos. Mis manos, que en otra epoca acariciaron la dulzura de todos los besos de la vida y hoy rasgan las tumbas de los desalientos y la tierra de los sufrimientos. ¿Qué buscan mis manos que van a tientas? Si yo solo lo supiera, ellas se gobiernan solas, solas hacen trazos en los cielos, y aunque no los toca imagina que puede hacerlo, y sueña y sueña, es lo poco que ya le queda, el sueño, la ilusión, el sin tiempo, la eternidad que no puede ser nunca solo esto.
Estas manos que tienen memoria y recuerdan. Recuerdan para vivir entre prisioneros, y saber que son mías, y no guardarme rencor por traerlas hasta estos confines de razones y absurdos. Las pongo debajo de mi pecho y las aprieto, que encuentren el calor que aun no me han robado, que aun guardo entre estos harapos roídos por tormentos y prisiones.
Inmovil. Solo silencio. No espero nada, porque la nada tambien es prisionera, en la celda contigua, junto al destierro.

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